Resumen
A orillas del río Yarra, en la cabecera de la bahía de Port Phillip, Melbourne hizo su fortuna en la fiebre del oro de 1850 y conservó los bulevares, las galerías comerciales y las terrazas de hierro colado que compró ese dinero. El centro es una retícula caminable atravesada por callejones estrechos, y un tranvía gratuito da la vuelta al núcleo. El tiempo cambiante es un chiste local, pero a cambio hay una ciudad que vive dentro y fuera por igual, entre cafés, comida y la sucesión constante de eventos del año.
Lo más destacado
Los callejones que salen de las calles Flinders y Collins guardan los cafés y los muros de arte urbano por los que se conoce la ciudad, mientras que Federation Square y el Queen Victoria Market sujetan los dos extremos de la retícula. El deporte roza aquí la religión: el Melbourne Cricket Ground, el carnaval hípico de primavera y el Abierto de Australia llenan el calendario. El Real Jardín Botánico y la ribera dan el respiro verde, y la Great Ocean Road empieza a poca distancia hacia el oeste.