Resumen

Leonardo la pintó al temple sobre yeso seco y no al fresco verdadero, para poder trabajar despacio y corregir, y empezó a deteriorarse ya en vida suya. Lo que queda es quizá una quinta parte de su propia pintura, estabilizada por una restauración de veinte años terminada en 1999. Una bomba aliada destruyó la techumbre del refectorio y una de sus paredes en agosto de 1943; la pintura estaba protegida con sacos terreros y sobrevivió. La iglesia, con la tribuna de Bramante, es gratuita y casi siempre está vacía.

Lo más destacado

Conviene reservar en cuanto se abren las entradas del trimestre, que es la única vía fiable; las agencias las revenden por varias veces su precio. Mejor llegar veinte minutos antes, porque el acceso pasa por cámaras estancas que controlan la humedad y quien llega tarde pierde el turno. Y entrar después en la iglesia por la cúpula de Bramante, que la mayoría de quienes ven la Última Cena no llega a ver.