Resumen

Enriquecida por la seda y por su posición en el Gran Canal, Suzhou se convirtió en el retiro de eruditos y funcionarios que construyeron jardines privados exquisitos, varios de ellos hoy Patrimonio de la Humanidad. El casco antiguo conserva su retícula de canales, puentes en arco y casas encaladas, y el arte del jardín clásico —roca, agua, pabellón y vista— alcanza aquí su mejor momento. Alrededor ha crecido una ciudad moderna y un polo tecnológico, pero los barrios antiguos conservan una China más tranquila y más refinada.

Lo más destacado

Los jardines clásicos, entre ellos el Jardín del Administrador Humilde y el Jardín Liu, destilan el paisaje en pequeños mundos amurallados de roca y agua. El barrio de canales de la calle Pingjiang conserva los puentes, las casas de té y las barcas del viejo pueblo de agua, y el museo de la seda cuenta la historia del comercio de la ciudad. La Colina del Tigre y su pagoda inclinada coronan una estancia en la ciudad jardín.