Resumen

La línea Hakone Tozan que arranca sobre la estación es uno de los ferrocarriles de adherencia más empinados del mundo y cambia de sentido tres veces para ganar altura, con maquinista y jefe de tren intercambiándose los extremos en cada zigzag. El pueblo lleva cuatro siglos siendo parada termal del viejo camino Tokaido y varias posadas datan su fundación en el siglo XVII. Casi todos los visitantes pasan de largo, cosa razonable que sin embargo deja fuera el desfiladero del río, detrás de la calle principal.

Lo más destacado

Conviene comprar aquí el Hakone Freepass si no se lleva ya: cubre el tren de montaña, el funicular, el teleférico, el barco pirata y los autobuses durante dos o tres días, y sale más barato que los trayectos sueltos. Varias posadas abren sus baños a visitantes de paso por una tarifa pequeña, que es el mejor uso posible de una hora antes del último tren. La panadería y las casas de soba de la calle principal son el pueblo de verdad, no un pasaje turístico.