Resumen

A la vestimenta coreana le pasaron dos cosas a la vez entre 1910 y 1945, y tiran en direcciones opuestas. La ropa occidental y los uniformes se extendieron por las ciudades con la escolarización, las oficinas y las fábricas; y el hanbok se rediseñó conscientemente para sobrevivir a eso, y se convirtió en una prenda de diario reformada en vez de en una reliquia. El dominio colonial marcó ambas cosas, a veces por decreto.

Prendas y estilo principales

Los jóvenes urbanos con ropa occidental eran lo bastante llamativos como para tener nombre: la chica moderna y el chico moderno de la prensa de las décadas de 1920 y 1930, tan burlados como admirados. Las escuelas pusieron a las niñas uniformes, entre ellos el traje marinero, y los trajes occidentales se hicieron ropa corriente de oficina para los hombres.

El hanbok reformado fue un proyecto deliberado de educadores y de revistas femeninas: se alargó el jeogori brevísimo de Joseon, se simplificó y se acortó la chima para caminar y trabajar, y se hicieron prácticos los cierres. Los zapatos de goma, baratos e impermeables, sustituyeron al calzado de paja y de cuero en toda la población en una sola generación: uno de los cambios cotidianos más grandes del período.

La política llegó directamente al armario. La ropa blanca sin teñir que era costumbre en Corea fue objetivo de una campaña de ropa de color, con funcionarios que presionaban y a veces salpicaban de tinta las prendas blancas; y en los años de guerra se obligó a las mujeres a llevar monpe, el pantalón de trabajo holgado japonés.

Transición

Tras la liberación de 1945, los dos Estados de la península llevaron la vestimenta en direcciones distintas, y el hanbok pasó en ambos de ropa de diario a traje ceremonial y nacional.