Resumen

Joseon es donde el hanbok alcanza las proporciones que hoy se tienen por clásicas, y el cambio es llamativo: a lo largo de cinco siglos, la chaqueta de las mujeres encoge desde la cadera hasta apenas cubrir el pecho, mientras la falda sube y se ensancha por debajo. El orden confuciano regía el armario, y el blanco era tan general que a los coreanos se les conocía como el pueblo vestido de blanco.

Prendas y estilo principales

El conjunto femenino es el jeogori brevísimo, atado con una cinta larga, sobre la chima recogida alta en el pecho: una silueta que es casi toda falda. Los hombres llevaban jeogori y baji bajo el abrigo durumagi y, en la calle, el gat, un sombrero de ala ancha de crin y bambú tan fino que es translúcido.

Los funcionarios llevaban el hyungbae, una insignia bordada de rango en el pecho y en la espalda, con grullas para el cargo civil y tigres para el militar.

Dos excesos están documentados porque el Estado actuó contra ellos. El gache, una peluca enorme de cabello postizo trenzado, llegó a pesar lo bastante como para herir a quien lo llevaba y se restringió por edicto real en el siglo XVIII. El adorno se concentraba por lo demás en el norigae, un colgante anudado que pendía del lazo de la chaqueta.

Ramio y cáñamo para el verano, algodón y seda para el invierno, con la tela sin teñir como cosa corriente y el color reservado según el rango y la ocasión.

Transición

Con el Imperio coreano y la apertura del país, el uniforme occidental entró en la corte, y detrás vino el hanbok reformado de las décadas coloniales.