Resumen
El propio edificio es parte del relato: una sala neoclásica construida a propósito en 1902, abarrotada, con cartelas escritas a mano en algunos casos y una museografía que apenas ha cambiado en un siglo. Los tesoros de Tutankamón y las momias reales se han ido a Guiza y al Museo Nacional de la Civilización Egipcia respectivamente. Lo que permanece es la profundidad: estatuaria del Imperio Antiguo, maquetas del Imperio Medio, la sala de Amarna y vitrina tras vitrina de objetos cotidianos.
Lo más destacado
Las salas del Imperio Antiguo de la planta baja guardan a Kefrén entronizado, las tríadas de Micerinos y la pareja pintada de Rahotep y Nofret, y son la razón de venir. Arriba, las maquetas de madera de las tumbas muestran la vida laboral egipcia con más claridad que cualquier pintura mural. Conviene ir temprano: a mediodía el museo está caluroso y la iluminación depende del sol.