Resumen

La colina conservó sus viñedos, sus molinos y sus alquileres baratos hasta bien entrado el siglo XIX, y por eso llegaron los pintores; sobreviven dos molinos y un viñedo en producción. El Sacré-Cœur se levantó a partir de 1875 como acto de penitencia nacional tras la guerra franco-prusiana, en un travertino que se blanquea con la lluvia. Detrás de la basílica los callejones siguen teniendo escala de aldea, y el apretón turístico se diluye a dos calles.

Lo más destacado

Conviene subir en funicular y bajar a pie. Las escalinatas de delante del Sacré-Cœur son la vista gratuita sobre París; subir a la cúpula añade altura y da el segundo mejor panorama de la ciudad. En la Place du Tertre trabajan los retratistas, con mucha gente y precios acordes; el Museo de Montmartre, en el antiguo jardín de Renoir, es la alternativa tranquila.