Resumen
Empezado como pabellón de caza y ampliado por Luis XIV hasta ser el mayor palacio de Europa, Versalles sacó de París a la corte francesa y fijó el modelo de esplendor regio que otros copiaron durante un siglo. El palacio, sus aposentos pintados y la galería de espejos miran a unos jardines trazados por Le Nôtre a una escala equivalente, con canales, fuentes y bosquetes recortados. Siguió siendo el centro del poder francés hasta la Revolución, y hoy es Patrimonio de la Humanidad a un trayecto corto de tren desde París.
Lo más destacado
La Galería de los Espejos, forrada de espejos en arco y de arañas, discurre entre los aposentos de Estado del rey y de la reina. Los jardines se extienden hasta el Gran Canal entre parterres y bosquetes con fuentes que suenan con música los días de espectáculo, y más allá quedan los palacios de Trianón y la aldea de María Antonieta. Un día se llena con facilidad entre las salas de Estado y los terrenos, y conviene empezarlo temprano, por delante del gentío.