Resumen
Las calas son pequeñas, de paredes empinadas y respaldadas por pinos, y el agua sobre la roca blanca se lee verde antes que azul. El monasterio de la Theotokos es de entrada libre, conserva un pequeño museo y una almazara en uso, y pide hombros y rodillas cubiertos. Por encima, la fortaleza bizantina en ruinas de Angelokastro vigila el acceso desde un acantilado a trescientos metros, y la tradición local sitúa aquí el puerto de los feacios, que es un relato y no un hallazgo.
Lo más destacado
Conviene tomar una barca desde la playa principal hacia las cuevas y las calas a las que no se llega a pie; los operadores salen del embarcadero y el trayecto dura menos de una hora. A Angelokastro se sube en auto y luego a pie, por la vista de la costa más que por las ruinas en sí. Lo mejor es venir fuera del mediodía en julio y agosto, cuando las playas se llenan y no queda dónde estacionar.