Resumen

La montaña está en la cabecera del eje sobre el que está construida la ciudad, y sus erupciones forman parte de la vida javanesa antes que interrumpirla: las aldeas de la ladera sur llevan siglos reconstruyéndose en el mismo sitio. La erupción de 2010 lanzó flujos piroclásticos por el valle del Gendol y sepultó la aldea de Kinahrejo, cuyo guardián, Mbah Maridjan, murió en su puesto negándose a marcharse. Los campos de lava se visitan hoy en todoterreno desde Kaliurang, con un pequeño museo en una casa superviviente que expone objetos fundidos tal como se encontraron.

Lo más destacado

Los recorridos en todoterreno salen a primera hora y a última; la nube de media mañana tapa la vista de la cumbre. La subida a la cima lleva cerrada largos periodos desde 2018 y depende por completo del nivel de alerta vigente, que la agencia de vulcanología publica a diario. El museo, el Sisa Hartaku, es la parte de la excursión que la gente recuerda.