Resumen
La gente del lugar evitó el cráter durante generaciones porque las aves que lo sobrevolaban morían, cosa que el naturalista neerlandés Junghuhn investigó en 1837 y explicó como gas volcánico y no como espíritus. Aquí se extrajo azufre hasta bien entrado el siglo XX. El aire junto al agua sigue llevando sulfuro de hidrógeno, así que los guardas limitan el tiempo de visita y quien tenga problemas respiratorios debe quedarse en la terraza alta.
Lo más destacado
Hay que llevar mascarilla —se venden en la puerta— y limitar el rato al borde del agua, cosa que el personal hace cumplir. A 2.400 metros hace frío y a menudo llueve: quince grados a mediodía es lo normal, y la luz blanca después de la lluvia es cuando mejor se ve el lago. Está a unos cincuenta kilómetros de Bandung por carretera lenta, así que conviene tomarlo como casi toda una jornada.