Resumen

La colección empezó con una sola estatua —el Laocoonte, desenterrado en una viña en 1506 y comprado por Julio II en el mismo mes— y creció hasta ser el museo del estado pontificio. El recorrido es de sentido único y largo, y las estancias de Rafael llegan justo antes de la capilla, que es el orden correcto: Rafael trabajaba pasillo abajo mientras Miguel Ángel estaba en el andamio. En la capilla está prohibido fotografiar y los vigilantes imponen silencio, con éxito desigual.

Lo más destacado

Conviene reservar entrada con hora y tomar el primer turno del día, o la apertura nocturna de los viernes en verano, que es lo más tranquilo que llega a estar la capilla. Mejor no intentar verlo todo: el patio de escultura Pío-Clementino, la galería de los mapas, Rafael y la capilla forman una visita completa y coherente. La escalera de salida de Momo, la doble hélice de 1932, merece bajarse en vez de tomar el atajo.