Resumen

El santuario venera al emperador Meiji y a la emperatriz Shōken, y el bosque lo diseñaron unos ingenieros forestales que planificaron una sucesión de especies a lo largo de 150 años para que acabara no necesitando mantenimiento. Los edificios quedaron destruidos por los bombardeos de 1945 y se reconstruyeron en 1958 por suscripción pública. Las procesiones de boda cruzan el patio principal casi todas las mañanas de fin de semana, y los barriles de sake apilados junto al acceso son ofrendas de productores de todo el país.

Lo más destacado

Conviene entrar por el torii sur desde Harajuku y recorrer despacio la avenida de grava: la gracia del santuario es el acceso entre los árboles, no el pabellón del final. El jardín interior, con su campo de lirios, tiene entrada aparte y está en su mejor momento a mediados de junio. Vale la pena venir antes de las nueve, cuando el bosque está en silencio y la luz entra de lado.