Resumen

Kan’ei-ji se levantaba aquí para guardar el noreste del castillo del shogun y ardió en la batalla que acabó con los Tokugawa; el recinto se convirtió en 1873 en uno de los primeros parques públicos de Japón. El Museo Nacional de Tokio guarda la mayor colección de arte japonés que existe, con tesoros nacionales que rotan por las salas unas pocas semanas cada vez. El estanque de Shinobazu, en el extremo sur, se cubre de lotos en agosto y de barcas de remos el resto del año.

Lo más destacado

El Museo Nacional pide media jornada por sí solo; el pabellón de los Tesoros de Horyu-ji, al lado, es tranquilo, está bellamente iluminado y no tiene multitudes. En temporada de cerezos la avenida central es una fiesta de la mañana a la noche: el lado del estanque es más calmado si se quiere la flor sin las lonas. El Zoológico de Ueno, en el mismo parque, es donde están los pandas gigantes de Japón.