Resumen
Los edificios de arriba son la razón por la que a la ciudad se la llamó la Atenas del Norte, y el mayor de ellos, el Monumento Nacional, es un Partenón inacabado abandonado en 1829 cuando se acabó el dinero: la gente lo llamó la Vergüenza de Edimburgo y después le tomó cariño. El Monumento a Nelson, al lado, deja caer una bola horaria a la una, sincronizada con el cañonazo del castillo para que los barcos de Leith ajustaran sus cronómetros. La vista abarca el castillo, la loma de la Ciudad Vieja, Arthur’s Seat y el fiordo de Forth de una vez.
Lo más destacado
La franja es el atardecer, con el castillo a contraluz y la Ciudad Vieja en silueta. El sendero desde Waterloo Place tiene escalones y es la subida más fácil. El Monumento a Nelson cobra una cuota pequeña por subir y añade sorprendentemente poco a la vista.