Resumen
En su día un puerto importante donde se encontraban comerciantes chinos, japoneses y europeos, Hoi An quedó al margen de la historia y conservó su casco antiguo casi intacto: un barrio compacto de casas comerciales con tejado de teja, templos y casas gremiales junto a un río. Los autos no entran en el centro, que de noche brilla con farolillos de seda, y la ciudad se ha hecho tan famosa por sus sastres y su cocina como por su arquitectura. Cálida y caminable, con playas y arrozales alrededor, es un sitio para bajar el ritmo.
Lo más destacado
Los callejones con farolillos del casco antiguo llevan al Puente Japonés, a las casas gremiales y a las casas de comerciantes, y están mejor al anochecer, cuando se encienden los farolillos. Los sastres hacen ropa a medida en un día, y la cocina local —cao lau, empanadillas rosa blanca— es un atractivo en sí misma. En bicicleta se llega a los arrozales y a las playas de An Bang y Cua Dai, a poca distancia.