Resumen

El guardarropa básico es el del imperio —una túnica hasta la rodilla, un manto encima, pantalones en los soldados y en los hombres que montaban—, pero la provincia lo adaptó al tiempo. La aportación de Britania es la capa con capucha: el birrus Britannicus, un abrigo pesado con capucha, y el cucullus, una capa corta con capucha, ambos nombrados en el Edicto de Diocleciano sobre precios máximos, que es donde una prenda provincial aparece como mercancía con precio en un documento mediterráneo. Las tablillas de escritura de Vindolanda añaden calcetines y calzones enviados desde casa, que dice el resto con bastante claridad.

Cómo se lleva

La túnica se mete por la cabeza y se ciñe; la capa se sujeta al hombro con un broche, y los broches británicos son lo bastante numerosos y característicos como para ser por sí solos una herramienta de datación. Las prendas con capucha se cortan de una pieza con la capucha unida, de modo que la cabeza queda cubierta sin una segunda pieza que perder, y el peso del paño hace el trabajo que un drapeado mediterráneo no podía hacer. Debajo de todo ello, al menos en el norte, iban calcetines de lana y túnicas superpuestas.

Historia

El vestido duró lo que duró la economía de la provincia. Los mosaicos de las villas y las lápidas muestran el guardarropa de túnica y manto a lo largo del siglo IV, y los tipos de broche cambian con la regularidad suficiente como para seguirles la pista. Después del 410 se van tanto el paño importado como la moneda para comprarlo, y lo que viene en el siglo V se viste con telares locales y cierres germánicos: el guardarropa del período anglosajón, que llega según se marcha el romano.