Resumen

La prenda no cambió; cambió su función. La ropa occidental se hizo vestimenta corriente a lo largo de las décadas de 1950 y 1960, y para la de 1970 un hanbok en una casa era propiedad ceremonial y no vestuario. El corte en el que se asentó es el del Joseon tardío: una chaqueta jeogori brevísima atada con un solo lazo largo, y una falda chima recogida desde una banda alta bajo los brazos, llevada amplia sobre una enagua. Lo que sí cambió fue la confección. Las telas sintéticas desplazaron al ramio y a la seda, los tintes químicos ampliaron la paleta mucho más allá de lo que el siglo XIX podía alcanzar, y la falda se hizo más amplia de lo que nunca había sido.

Cómo se lleva

El jeogori se pone como una chaqueta corta y se cierra con el goreum, dos cintas de largo desigual atadas en un solo lazo grande que cuelga por delante; acertar con ese nudo es lo que a la gente le enseñan y lo que olvida. La chima se enrolla al cuerpo por encima del pecho y se ata allí, sobre una enagua que le da la campana, de modo que todo el peso de la falda cuelga del pecho y no de la cintura. Con ello van los beoseon, unos calcetines blancos rígidos de puntera partida, y para la ceremonia unos zapatos de punta respingona. Los hombres llevan un pantalón baji holgado atado al tobillo bajo una chaqueta del mismo corte, con un abrigo durumagi sobre ambos para salir a la calle. Las versiones modernas se ahorran pasos que la antigua no podía: una cremallera en la banda de la falda, un lazo ya hecho, velcro y una enagua que sostiene la forma sin las capas de debajo.

Historia

Junto a la versión ceremonial corren dos líneas. El hanbok de reforma, desde finales de las décadas de 1970 y 1980, corta las mismas formas para el uso diario —una chaqueta más larga, cintas que se quedan atadas, una falda que sobrevive a un autobús— y lo llevan quienes quieren la prenda sin la ocasión. El hanbok de alquiler es la otra: desde 2013, los visitantes que llevan hanbok entran gratis en los palacios reales de Seúl, y alrededor de las puertas abrieron tiendas para vestirlos por el día, y por eso casi todo el hanbok que hoy se ve en Seúl no pertenece a quien lo lleva. La división puso además dos nombres a una misma prenda —hanbok en el Sur, joseonot en el Norte— y ambos se han ido separando en silueta y en las ocasiones que los piden. Desde la década de 2010, la versión del Sur se ha movido de nuevo, empujada por diseñadores que usan sus líneas en ropa corriente y por artistas que la llevan fuera del país.