Resumen
Todos los gobernantes desde el Imperio Medio hasta los Ptolomeos añadieron algo al recinto de Amón-Ra, y por eso el sitio se lee como una acumulación y no como un plan: pilonos detrás de pilonos, obeliscos encajados entre salas. El obelisco de Hatshepsut sigue en pie con 29 metros; su sucesor lo tapió en lugar de derribarlo, cosa que conservó el grabado. El lago sagrado de al lado abastecía los rituales diarios.
Lo más destacado
La sala hipóstila es la razón de venir y funciona mejor con la primera luz, cuando el sol se cuela entre las columnas. Vale la pena recorrer la avenida de esfinges con cabeza de carnero de la entrada: llegó a correr tres kilómetros hasta el templo de Luxor y se reabrió en 2021. El museo al aire libre del norte reúne capillas remontadas que casi ningún visitante ve.