Resumen
Burdeos se enriqueció con el vino y el comercio atlántico, y ese dinero levantó un centro de caliza dorada uniforme que hoy es Patrimonio de la Humanidad. Una limpieza larga convirtió el frente fluvial de muelles de trabajo en paseos y en el Espejo de Agua, y el casco antiguo pasó a ser uno de los más caminables de Francia. La ciudad es la puerta a los viñedos del Médoc, Saint-Émilion y Sauternes, pero sus propias calles y mesas bastan para quedarse.
Lo más destacado
La Plaza de la Bolsa mira al Espejo de Agua al otro lado del muelle, la vista emblemática del frente restaurado. La Cité du Vin cuenta la historia del vino en un edificio moderno llamativo, mientras que el casco antiguo reúne la catedral, los mercados y la larga calle comercial de Sainte-Catherine. Las excursiones de un día llegan a Saint-Émilion y a los châteaux del Médoc, y las dunas y playas atlánticas quedan a una hora al oeste.