Resumen
El santuario fue el lugar de culto más importante de la isla mucho antes de que existiera la ciudad de Rodas, y el templo del siglo IV a. C. se levanta detrás de una escalinata monumental y de una columnata helenística. A media subida hay un trirreme tallado en la roca viva como base de una estatua perdida. Abajo, los callejones del pueblo están cerrados al tráfico y las viejas casas de capitanes conservan patios pavimentados con mosaico de guijarro blanco y negro, el trabajo de choklakia propio del Dodecaneso.
Lo más destacado
Conviene subir a pie en vez de en burro: son quince minutos y el trato a los animales lleva años recibiendo críticas. El relieve del barco es fácil de pasar por alto, así que hay que mirar a la izquierda en la escalinata. La bahía de San Pablo, bajo la acrópolis, está casi cerrada por la roca y es más tranquila que la playa principal.