Resumen
El palacio se fundó tras el tratado que partió en dos el viejo reino de Mataram, y se trazó como un diagrama de la cosmología javanesa, con patios, puertas y pabellones abiertos dispuestos a lo largo del eje que va del volcán al mar. Lo atienden los abdi dalem, cortesanos que sirven con traje tradicional por un salario simbólico y consideran que el servicio mismo es lo que cuenta. Un ala museo guarda las pertenencias de Hamengkubuwono IX, que condujo al sultanato dentro de la república.
Lo más destacado
Conviene llegar antes de las diez para la función diaria del pabellón —gamelán, wayang o danza clásica según el día—, incluida en la entrada. El castillo de agua de Taman Sari, el complejo de baños en ruinas de la misma corte, queda a diez minutos a pie al suroeste y merece la segunda entrada. Los permisos de fotografía se venden en la puerta, y los cortesanos indican qué no puede fotografiarse.