Resumen
Hiroshi Hara lo proyectó en 1993 como fragmento de un conjunto mucho mayor de torres enlazadas que nunca se construyó, y por eso se lee como algo inacabado de manera interesante. Las escaleras mecánicas que cruzan el vacío entre las torres en la planta treinta y nueve son la parte que la gente recuerda. La azotea está al aire libre, sin vidrio, así que es ruidosa, ventosa y mucho mejor que un observatorio cerrado.
Lo más destacado
Conviene subir para la puesta de sol y quedarse al cambio: la terraza mira al oeste sobre el río Yodo y las luces de la ciudad se encienden por debajo. En el sótano, Takimi-koji reconstruye un callejón de casas de comidas de la Osaka de los años veinte, cosa encantadora o kitsch según el ánimo. Las entradas salen más baratas por internet y la cola del ascensor es la única parte lenta.