Resumen
Durante casi todo el siglo VIII Nara fue la capital y la cuna del budismo japonés, y los monumentos de aquella época sobreviven alrededor de un gran parque al pie de las colinas del este. Ciervos mansos, tenidos por mensajeros de los dioses, recorren el parque a su aire y hacen reverencias para conseguir galletas entre los visitantes. La ciudad es pequeña y se recorre a pie, con sus grandes templos y su santuario a un paseo corto, y es más tranquila que Kioto aunque guarda algunos de los edificios antiguos más importantes de Japón.
Lo más destacado
Todaiji cobija al Gran Buda, una figura de bronce de quince metros, en uno de los mayores edificios de madera del mundo. Kasuga-taisha, a la que se llega por un bosque bordeado de linternas de piedra y de bronce, y la pagoda de cinco plantas de Kofuku-ji completan el circuito de monumentos. El Parque de Nara los enlaza a todos, y sus ciervos en libertad son un atractivo por sí mismos bajo los árboles.