Resumen
Edward Thompson, el cónsul estadounidense que compró el sitio en 1894, dragó el cenote durante años y envió buena parte de lo hallado a Harvard; algo se devolvió a México décadas después. Excavaciones posteriores confirmaron que los restos humanos son sobre todo de niños y de hombres jóvenes, compatibles con el sacrificio, y un trabajo de ADN publicado en 2024 halló que varios eran parientes cercanos, incluidas dos parejas de gemelos idénticos. El agua es de un verde opaco y desde el borde no se ve nada.
Lo más destacado
Conviene llegar por la calzada y no atajando entre los puestos: el camino es la vía ceremonial y se lee como tal. Mejor leer antes las cédulas del museo, porque el cenote en sí no muestra nada y lo que hace que valga el paseo es lo que salió de él. No hay que esperar bañarse: este cenote no es para nadar y nunca lo fue.