Resumen
La reserva se creó en 1986 y la Unesco la inscribió al año siguiente, y protege un paisaje habitado y no uno vacío: dentro viven algunos cientos de personas, sobre todo en el pueblo pesquero de Punta Allen, al final de un camino muy malo. Sus lagunas se alimentan de manantiales de agua dulce que brotan a través de la caliza, y el paseo clásico consiste en dejarse llevar por la corriente de un canal abierto por los mayas entre dos de ellas. Hay registro de cocodrilos, manatíes y más de trescientas especies de aves.
Lo más destacado
Conviene ir con un operador comunitario desde Muyil o Punta Allen; la entrada pasa por puestos de control y las visitas por cuenta propia ven muy poco. Dejarse llevar por el canal antiguo lleva alrededor de una hora y solo hace falta un chaleco salvavidas. El camino a Punta Allen tarda de dos a tres horas en cubrir cincuenta kilómetros, que es lo que hay que esperar.