Resumen

Los pueblos aborígenes y de las islas del Estrecho de Torres llevan más de sesenta y cinco mil años viviendo en este continente, por todos los climas que tiene, así que no existe una vestimenta indígena australiana única. Lo que hay en su lugar es un principio constante: en casi todo el país, el cuerpo mismo, pintado y marcado, llevaba más significado que cualquier cosa puesta encima.

Prendas y estilo principales

En las regiones cálidas la ropa era mínima y el adorno extenso: ocre aplicado en diseños que identificaban el país, el parentesco y el papel ceremonial, escarificación, y tocados, colgantes y cinturones de concha, de pluma, de semilla, de hueso y de cordel de cabello humano. La concha de nácar del noroeste viajaba miles de kilómetros por redes de intercambio, lo que es prueba directa de cuánto se movían estos bienes.

En el sudeste frío, la capa de piel de zarigüeya era la prenda de peso: decenas de pieles cosidas con tendón, con el lado del cuero incidido con diseños propios de quien la llevaba y de su país, llevada con el pelo hacia dentro, entregada al nacer y ampliada a lo largo de la vida, y enterrada con su dueño.

Ambas cosas se vieron alteradas después de 1788, y las capas de piel de zarigüeya casi desaparecieron, con apenas un puñado de ejemplares del siglo XIX conservados en museos.

Transición

Desde la década de 1990, la confección de capas se ha recuperado de forma deliberada, se enseña entre comunidades y se llevan en ceremonias y bienvenidas, y hoy hay marcas textiles y de moda de propiedad aborigen que diseñan y estampan a escala.