Resumen

Todo lo que se sabe viene de las tumbas pintadas, de las figurillas de bronce y de las parejas reclinadas de las tapas de los sarcófagos, y todo ello muestra el vestido desde fuera sin que se conserve ninguna prenda. La tebenna es un manto semicircular o redondeado drapeado sobre el hombro izquierdo y por debajo del brazo derecho, más corto y más ligero que la toga posterior y a menudo ribeteado con una cenefa tejida. Debajo va una túnica, ceñida y corta en los hombres, larga y plisada en las mujeres, a veces en un tejido a cuadros o a bandas que indica que el paño se labraba en el telar y no se bordaba.

Cómo se lleva

El manto se drapea, no se prende: cuelga de un hombro, cruza la espalda y se sostiene por su propio peso y por el brazo que lo lleva, que es la razón de que las figuras representadas con tebenna mantengan un brazo plegado sobre el cuerpo. El vestido femenino añade un manto sobre la cabeza, el pelo en largas trenzas por delante de los hombros y el tutulus, un gorro cónico. Ambos sexos llevan zapatos de punta vuelta hacia arriba, los calcei repandi, que aparecen en el arte etrusco antes que en ningún otro lugar de Italia y son una de las exportaciones etruscas reconocibles.

Historia

Roma tomó el manto y lo convirtió en el uniforme del ciudadano. La toga es mayor, más pesada y al final imposible de llevar sin ayuda, pero su drapeado y su borde ribeteado salen de la tebenna, y los autores romanos se lo atribuyeron a los etruscos. El zapato puntiagudo y el tutulus fueron por otro camino y quedaron como curiosidades provinciales, recordadas sobre todo por el traje sacerdotal de Roma, donde el gorro sobrevivió en el atuendo del flamen después de que el pueblo que lo inventó hubiera quedado absorbido.