Resumen
El vestido etrusco importa dos veces: por sí mismo y porque Roma tomó tanto de él. La toga desciende del manto etrusco, la franja purpúrea del magistrado y los zapatos curvos llegaron por el mismo camino, y los autores romanos lo dijeron. Es además insólitamente visible, porque los etruscos pintaron a color el interior de sus tumbas.
Prendas y estilo principales
La prenda característica es la tebenna, un manto cortado en curva y no en rectángulo —la forma que hace que una toga drape como drapea—, llevada sobre una túnica por ambos sexos. Los zapatos son una firma: los calcei repandi, de largas puntas vueltas hacia arriba, aparecen con tanta constancia que identifican de un vistazo a una figura etrusca. Las mujeres llevaban el tutulus, un gorro cónico, y ambos sexos llevaban muchísimo oro.
Los orfebres etruscos fueron los mejores del Mediterráneo, y la granulación —fundir minúsculas esferas de oro sobre una superficie sin soldadura visible— se llevó a un nivel que los artesanos posteriores tuvieron dificultades para reproducir.
Las pinturas de las tumbas de Tarquinia muestran otra cosa que llamó la atención de sus contemporáneos: mujeres reclinadas en los banquetes junto a los hombres, vestidas y adornadas en público. A los autores griegos les pareció escandaloso y lo dijeron, lo que nos indica que el vestido hacía un trabajo social que un griego no habría esperado.
Transición
A medida que Roma absorbió Etruria, la tebenna se convirtió en la toga, la franja purpúrea se convirtió en la toga praetexta, y el vestido etrusco sobrevivió dentro del traje público romano en lugar de junto a él.