Qué ocurrió

Lo rodean tres fosos, y el túmulo contiene alrededor de 1,4 millones de metros cúbicos de tierra; las estimaciones de la mano de obra hablan de más de un millón de jornadas a lo largo de quince años o más. Nadie puede entrar. La Agencia de la Casa Imperial lo administra como sepultura y nunca ha autorizado una excavación completa, y por eso la atribución a Nintoku —hecha en el período Edo a partir de una crónica escrita siglos después del enterramiento— no puede contrastarse con la fecha del propio túmulo. Fue inscrito como Patrimonio Mundial de la Unesco en 2019 junto con el resto del conjunto de Mozu-Furuichi.

Por superficie está entre las tumbas más grandes de la Tierra, junto a las grandes pirámides de Egipto y al mausoleo del primer emperador Qin.

Antecedentes

Construir a esta escala exigía una mano de obra organizada enorme y sostenida durante años: la prueba del poder que podía movilizar el Estado de Yamato.

Consecuencias

El túmulo no se ha excavado nunca de forma científica; la Agencia de la Casa Imperial restringe la entrada, aunque en los últimos años han empezado unas prospecciones conjuntas limitadas. Como parte del conjunto de kofun de Mozu-Furuichi es Patrimonio Mundial de la Unesco desde 2019. Sigue siendo el monumento más visible de la época en que los reyes de Yamato consolidaron Japón.