Qué ocurrió

El crecimiento se diseñó tanto como se ganó. Los pedidos para la guerra de Corea llenaron los libros de encargos de empresas que no tenían qué fabricar; el Ministerio de Comercio Internacional e Industria racionó las divisas y las licencias tecnológicas a favor de los sectores que quería levantar; los hogares ahorraban una quinta parte de su renta en bancos que la prestaban de vuelta a esos mismos sectores a tipos controlados; y el Plan de Duplicación de la Renta de Ikeda, en 1960, le explicó al país para qué era todo aquello. Los símbolos de la era fueron «los tres tesoros sagrados» de los electrodomésticos, el Shinkansen del Tōkaidō y los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964, y la Expo ‘70 de Osaka. La crisis del petróleo de 1973 puso fin a todo ello.

Antecedentes

El auge de los suministros para la guerra de Corea (1950-1953) dio la chispa inicial. El crecimiento lo impulsaron las reformas de posguerra, la importación de tecnología, unas tasas extraordinarias de ahorro y de inversión, una mano de obra capaz, la política industrial del MITI y el petróleo barato.

Consecuencias

El crecimiento tuvo el coste de una contaminación industrial grave —los casos de la enfermedad de Minamata entre ellos—, que obligó a legislar en materia ambiental y a crear una Agencia de Medio Ambiente en 1971. La crisis del petróleo de 1973 cerró la era de crecimiento alto y siguió un crecimiento estable; el período construyó la sociedad de consumo próspera y las infraestructuras del Japón moderno.