Resumen

El edificio se prolongó dos siglos y medio y es renacentista donde se había proyectado gótico, con un interior abovedado de cañón de altura y luz poco comunes. Los documentos muestran que los fondos reservados para la segunda torre se desviaron en 1782 para apoyar a los colonos americanos frente a Gran Bretaña, una historia que hoy cuenta la propia catedral. La sillería del coro, de Pedro de Mena, tallada en la década de 1660, es lo mejor del interior.

Lo más destacado

Merece la pena pagar la visita a las cubiertas: se camina por encima de las bóvedas y se ve la torre inacabada desde arriba. La sillería pide diez minutos aparte: cuarenta santos tallados en caoba y cedro por un solo hombre. La plaza de la catedral es uno de los pocos sitios con sombra donde sentarse en el centro en agosto.