Qué ocurrió
Tokio y Yokohama quedaron destruidas sobre todo por el fuego y no por la sacudida: ardió casi la mitad del casco urbano de Tokio y, en el solar de un antiguo depósito de ropa del ejército en Honjo, donde decenas de miles de personas se habían reunido con sus enseres a campo abierto, una tormenta de fuego mató a unas 38.000 en un solo lugar. Yokohama, más cerca del epicentro, perdió una proporción mayor de sus edificios que Tokio, y el temblor cortó las líneas telegráficas que salían de ambas ciudades, de modo que el país supo lo ocurrido por el rumor antes que por las noticias.
En medio de rumores falsos, turbas —y en algunos casos las autoridades— mataron a miles de coreanos, y también a chinos y a japoneses a los que se confundió con coreanos.
Antecedentes
El terremoto llegó a la hora de comer, cuando las llamas de los fogones ardían por toda la ciudad, y unos vientos del borde de un tifón empujaron los incendios.
Consecuencias
Se declaró la ley marcial, y Goto Shinpei dirigió una reconstrucción ambiciosa que rehízo Tokio. La catástrofe pasó a ser un cimiento de la planificación moderna ante desastres en Japón —el 1 de septiembre es hoy el Día de la Prevención de Desastres— y un recordatorio duradero de cómo una catástrofe puede desatar la violencia contra las minorías.