Resumen

La aportación de América del Norte a la vestimenta mundial no es tanto una prenda como una manera de fabricar y de vender ropa: tallas normalizadas, producción en serie, distribución nacional y publicidad. Los resultados —los jeans, la camiseta, la zapatilla deportiva— están hoy tan extendidos que su origen como ropa de trabajo y equipo militar resulta invisible.

Prendas y estilo principales

El pantalón de peto reforzado con remaches lo patentó en 1873 Jacob Davis, un sastre de Nevada al que se le ocurrió la idea, con Levi Strauss, su proveedor de San Francisco, financiándola y compartiendo su titularidad. Fue ropa de trabajo durante sesenta años, hasta que los wésterns de Hollywood y después la juventud de posguerra la convirtieron en una prenda que se lleva en todas partes.

La camiseta empezó como prenda interior militar y se volvió ropa exterior en esas mismas décadas. La zapatilla deportiva siguió al deporte hasta la calle. Las tres dependieron de un sistema: un tallaje derivado de las medidas de los uniformes de la Guerra Civil, las fábricas de confección en serie, los catálogos de venta por correo que llegaban a las granjas y unos grandes almacenes que hicieron de probarse ropa un entretenimiento público.

La vestimenta indígena recorre el mismo período en sus propios términos, y la regalía de powwow —el vestido de cascabeles, el chal de baile fancy, la danza de la hierba— es ropa ceremonial viva con historias propias, no un resto del pasado.

Transición

El modelo que se fija aquí es lo que hoy viste casi todo el mundo, y la ropa deportiva e informal que produjo sigue siendo la referencia frente a la que trabajan las demás capitales de la moda.