Resumen

El contacto cambió la vestimenta indígena más deprisa que la europea, y sobre todo a través de los materiales antes que de las formas. Los europeos llegaron con jubones, calzas y acero; lo que pasó a los vestuarios nativos no fue el jubón, sino la cuenta, la hoja y la pieza de lana: medios nuevos adoptados dentro de tradiciones existentes.

Prendas y estilo principales

Los europeos llevaban lo que llevaba su siglo: jubón y calzas ajustados, y después casacas y calzones, con la coraza y el morrión de cara descubierta de los soldados españoles y coloniales tempranos.

El intercambio de consecuencias corrió al revés y en otra moneda. Las cuentas de vidrio, venecianas en su mayoría, llegaron en cantidad y se incorporaron a una decoración que antes usaba púa de puercoespín teñida, un cambio de medio tan completo que el abalorio se lee hoy como tradicional, aunque las cuentas sean un artículo importado. El paño de lana de comercio, de tejido denso, ocupó el lugar de la piel en polainas, taparrabos y mantas; las ollas de cobre y de latón se recortaban para hacer conos sonoros y colgantes; y la plata se trabajaba en broches y brazaletes.

Nada de esto ocurrió en una sociedad sana. Las epidemias que en muchas regiones precedieron a los comerciantes se llevaron a los especialistas que guardaban el saber artesano, así que el cambio en la vestimenta va enredado con una pérdida catastrófica.

Transición

A lo largo de los siglos coloniales, esos materiales prestados se asentaron en estilos regionales reconocidos, y la ropa se convirtió en uno de los terrenos en los que las misiones, los tratados y el reparto de raciones intentaron que los indígenas parecieran europeos.