Resumen
El recinto reúne cuatro cosas a la vez: la fortaleza de la Alcazaba, los palacios nazaríes, los jardines del Generalife al otro lado del barranco y el palacio renacentista que Carlos V plantó en medio en 1527. Las salas nazaríes son yeso, azulejo y agua antes que piedra: las superficies talladas son de yeso, vaciado en moldes y recortado a mano, y los patios se organizan en torno a albercas que sostienen el cielo. Washington Irving vivió entre las ruinas en 1829 y su libro puso en marcha la restauración.
Lo más destacado
Hay que reservar con meses de antelación: la entrada a los palacios nazaríes es por turnos de media hora y se agota, sobre todo en primavera. El turno vale solo para los palacios, así que conviene llegar pronto y ver antes la Alcazaba y el Generalife. Si se puede, merece la pena volver de noche: los palacios abren algunas tardes y son otro edificio sin luz de día y sin gente.