Resumen
La más hedonista de las Baleares construyó su fama sobre las grandes discotecas y los bares de playa que atraen cada verano a gente de toda Europa. Pero la isla es más que su vida nocturna: su capital conserva sobre el puerto un casco amurallado, Dalt Vila, con rango de Patrimonio Mundial, y el norte es un paisaje más suave de colinas de pinos, campos y calas escondidas. Cálida y seca, es isla de fiesta y de playa a la vez, y está más tranquila en primavera y en otoño.
Lo más destacado
El casco amurallado de Dalt Vila sube hasta una catedral y unas murallas con vistas sobre el puerto y el mar. Las playas y calas van desde los arenales concurridos del sur hasta las calas silenciosas del norte, y los bares de puesta de sol de la costa oeste son un ritual propio. En verano las grandes discotecas funcionan toda la noche, y la isla de Formentera queda a un corto trayecto en barco hacia el sur.