Resumen
La historia de la ropa medieval inglesa es inseparable de la lana. El país criaba el mejor vellón de Europa y lo exportaba en bruto para que lo acabaran los tejedores flamencos, y la riqueza que volvía pagó iglesias, guerras y el vestido que aquí se describe, que es la razón por la que el lord canciller todavía se sienta sobre un saco de lana.
Prendas y estilo principales
El vestido altomedieval es holgado y en gran medida sin cortar: túnica larga y manto para ambos sexos, en lana sobre lino. El cambio llega en el siglo XIV, cuando la sastrería aprende a cortar costuras curvas y a montar mangas y a usar botones en cantidad, y la ropa empieza a ajustar. La cotehardie es ceñida y abotonada; los hombres adoptan un jubón corto con calzas, que deja la pierna a la vista de una manera que escandalizó a los cronistas; la houppelande, un vestido amplio de mangas enormes, ofrece el extremo contrario para ambos sexos.
El tocado se convirtió en la pieza de exhibición, con formas elaboradas de cuernos y de corazón para las mujeres en el siglo XV.
El Parlamento legisló una y otra vez, de la forma más completa en 1363, y asignó paño, piel y color por rango y por renta hasta llegar a los labradores; y reeditó los estatutos con la frecuencia suficiente como para demostrar que no se cumplían.
Transición
Los primeros Tudor trajeron la influencia renacentista y después la española, y la lana inglesa empezó a tejerse en casa en lugar de embarcarse al extranjero.