Resumen

El vestido anglosajón se conoce por dos fuentes muy distintas que cubren dos mitades distintas del período: las tumbas ajuareadas de los siglos paganos, donde sobrevive la metalistería y no la tela, y los manuscritos y un puñado de reliquias de los cristianos. El cambio entre unas y otros es real y no solo un cambio en las pruebas.

Prendas y estilo principales

Las mujeres de la primera época llevaban un vestido tubular sujeto en los dos hombros con un par de broches, sobre una prenda interior, con sartas de cuentas colgadas entre los broches y un cinturón del que pendían llaves, cuchillos y una caja de labor. Como los broches se conservan y la tela no, la posición del metal en una tumba es lo único que permite reconstruir la prenda, y los estilos de broche difieren mucho por regiones: cruciformes en las zonas anglas, de platillo y de disco en las sajonas.

Con la conversión desaparece el enterramiento ajuareado y con él los broches emparejados. Las mujeres posteriores aparecen con un vestido largo y un paño que cubre el pelo, y los hombres con una túnica hasta la rodilla, una capa prendida en el hombro y vendas de pierna enrolladas sobre las calzas.

La mejor labor de aguja anglosajona conservada no es ropa sino ornamento litúrgico: la estola y el manípulo hechos para el obispo Frithestan a principios del siglo X y colocados después en el ataúd de san Cutberto, trabajados en seda e hilo de oro con una calidad que convirtió el bordado inglés en una exportación.

Transición

La conquista normanda trajo el corte continental y una nueva aristocracia, y el bordado inglés siguió siendo apreciado bajo ella.