Resumen

La Grecia arcaica es donde la vestimenta griega se vuelve griega: un sistema construido enteramente con rectángulos de tela, sujetos al cuerpo con alfileres, botones y un cinturón, casi sin cortar y con muy poca costura. Es lo contrario de la ropa entallada de la Edad del Bronce que la precedió, y su lógica —la misma tela plana drapeada de forma distinta para hombres y mujeres, para ricos y pobres— duró mil años.

Prendas y estilo principales

Dos formas convivieron y compitieron. El peplo dorio es un solo rectángulo pesado de lana, doblado por arriba, enrollado al cuerpo y prendido en ambos hombros, abierto por un costado. El quitón jonio es más ligero, por lo común de lino, y lo bastante ancho como para abrocharse a intervalos a lo largo de los brazos, de modo que cae en pliegues estrechos, y da el drapeado minuciosamente rizado de las estatuas de las korai de la Acrópolis de Atenas. Sobre uno u otro iba el himatión, un manto. La tela se coloreaba y se decoraba en los bordes, y los restos de pintura en la escultura confirman que los originales de mármol no eran nada blancos.

Heródoto cuenta una historia sobre por qué se produjo el cambio: dice que a las mujeres atenienses se les prohibió la vestimenta doria de alfileres después de que usaran los suyos para matar a un mensajero, y que adoptaron en su lugar la forma jonia cosida. Es una explicación popular de un cambio real y conviene conocerla como tal y no como historia.

Transición

La Grecia clásica conservó ambas prendas y las simplificó, y el peplo volvió al favor: el vestido de lana austero y liso de la escultura del siglo V es un rechazo deliberado de la elaboración arcaica.