Resumen

La vestimenta griega clásica es un sistema casi sin sastrería. Todo es un rectángulo de tela tejida, sujeto al cuerpo con alfileres, botones y un cinturón, y todo el arte está en el plegado, y por eso la escultura griega es en esencia un estudio de lo que hace la tela cuando cuelga.

Prendas y estilo principales

El peplo es un solo rectángulo pesado de lana, doblado por arriba, prendido en ambos hombros y ceñido, abierto por un costado. El quitón es más ligero, por lo común de lino, y más ancho: abrochado a intervalos a lo largo de los brazos para que caiga en pliegues finos, o cosido en mangas. Sobre uno u otro va el himatión, un manto enrollado al cuerpo y a menudo también por la cabeza. Los hombres añaden la clámide, una capa corta prendida en un hombro para montar y para viajar, y la exomis, abrochada en un solo hombro, para trabajar.

La tela se hacía en casa, y tejer era la ocupación femenina por excelencia en la literatura griega. Y llevaba color: los restos de pigmento en la escultura, y los vasos, muestran cenefas, bandas y tintes intensos, así que la impresión de mármol blanco es un accidente moderno.

Cómo se llevaba la prenda tenía significado —la hondura del doblez, si el himatión cubría la cabeza, si los brazos quedaban libres— y los escritores griegos moralizan sobre ello en consecuencia.

Transición

La época helenística conservó las mismas prendas y elaboró el drapeado, con telas más finas y disposiciones más complejas que se extendieron por el mundo griego ampliado.