Resumen
El vestido egipcio empieza antes que Egipto. Ya en los períodos badariense y de Naqada se cultivaba lino, se hilaba y se tejía, y el guardarropa que las dinastías conservarían durante tres mil años —lino blanco, envuelto y no cortado, llevado con adorno pesado y maquillaje de ojos— se reconoce ya a grandes rasgos.
Prendas y estilo principales
Los hombres llevaban una tela envuelta y ceñida a la cintura; las mujeres, una prenda de lino más larga, envolvente o pasada por la cabeza; las pieles de animales continuaron junto a la tela, y el cuero se trabajaba para cinturones y sandalias. Lo que mejor se conserva, como siempre, es lo que no se pudre: cuentas de concha, hueso, marfil y cornalina y, desde Naqada en adelante, de fayenza, ensartadas en collares y cinturones.
La paleta cosmética es el objeto emblemático del período. Unas losas planas de esquisto, talladas a menudo con forma de pez o de ave, servían para moler malaquita y galena para el maquillaje de ojos; se han hallado en gran número en las tumbas y en todas las clases, así que era una práctica general y no una exhibición de élite. Las grandes paletas ceremoniales del final del período, la paleta de Narmer entre ellas, son ese mismo objeto vuelto monumental.
Los propios cuerpos aportan pruebas. Las momias de Gebelein, desecadas de forma natural y examinadas con imagen infrarroja en 2018, resultaron llevar tatuajes figurativos, los más antiguos identificados hasta ahora en África y una prueba directa de que el aspecto se trabajaba sobre la piel además de vestirse.
Transición
Con la unificación, el faldellín de lino envuelto y el vestido ajustado se asientan en sus formas canónicas, y el plisado, las pelucas y el collar ancho pasan a ser el aparato del rango en el Imperio Antiguo.