Resumen
El Egipto posterior a la conquista árabe siguió haciendo lo que hacía desde los faraones —cultivar lino y tejerlo— y se convirtió, bajo el gobierno islámico, en uno de los grandes productores textiles del mundo medieval. Su vestido es el guardarropa islámico general de túnica, túnica larga y turbante, y su distinción es la tela misma.
Prendas y estilo principales
Los hombres llevaban una túnica larga bajo otra más amplia, ceñida o suelta, con un turbante enrollado; las mujeres, vestidos superpuestos en casa y un manto y velo facial fuera. Los cristianos coptos continuaron formas locales más antiguas, y el vestido marcó en distintas épocas la comunidad religiosa mediante colores prescritos.
El tiraz era la industria del Estado. En talleres gubernamentales, sobre todo en Tinnis y Damieta, se tejían en la tela bandas inscritas con el nombre del soberano, y las túnicas que las llevaban se entregaban como honores: una prenda podía así llevar el nombre del califa sobre el cuerpo de quien la recibía. Los linos de tiraz fatimíes se conservan en cantidad porque el suelo seco de Egipto los preservó.
La otra peculiaridad egipcia es documental. La Gueniza de El Cairo conservó miles de papeles cotidianos, entre ellos listas de ajuar que detallan la ropa de una novia por prenda, color y valor: por una vez, la ropa medieval se puede contar y tasar, y no solo mirar.
Transición
Con los mamelucos, la élite militar impuso encima de todo esto un estilo de corte de túnicas pesadas y tocados graduados, y El Cairo siguió siendo una capital textil.