Resumen
El dominio romano convirtió la vestimenta griega en una declaración. Grecia era una provincia, pero la cultura griega gozaba de un prestigio enorme en Roma, y el himatión —al que el latín llamó pallium— se convirtió en el uniforme reconocido del hombre de educación griega por todo el imperio. Llevarlo en Roma era una afirmación sobre el saber, y así se leía.
Prendas y estilo principales
Las prendas apenas cambian: una túnica con el pallium drapeado encima, el mismo rectángulo de tela que los griegos llevaban desde hacía siglos, ahora bajo una administración romana. Lo que cambia es lo que significa. La toga marcaba al ciudadano romano; el pallium marcaba al heleno y, más tarde, al filósofo en concreto, hasta el punto de que los escritores romanos usan echarse un pallium como abreviatura de dárselas de saber griego. Los escritores cristianos primitivos adoptaron después esa misma prenda como vestimenta de sus propios maestros, y así llegó Tertuliano a escribir un tratado entero sobre ella.
El comercio imperial trajo materiales mejores a las mismas formas —seda que llegaba al Mediterráneo por manos partas, y tintes mejorados—, de modo que la tela se enriqueció mientras el corte seguía siendo conservador. Sí circularon prendas romanas por Grecia, y la túnica abrochada y la capa práctica aparecen en contextos provinciales, pero el manto drapeado mantuvo el terreno que importaba.
Transición
A medida que el centro de gravedad del imperio se desplazaba al este, a Constantinopla, esta vestimenta no se rompió, sino que evolucionó: el pallium drapeado dio paso a la túnica cortada y cosida, a la dalmática de manga larga y a la capa abrochada del traje bizantino.