Resumen
Roma gobernó la península como provincia de Acaya desde el 27 a. C., con un procónsul en Corinto, una ciudad que Roma había arrasado y vuelto a fundar después como colonia de sus propios libertos. Atenas siguió siendo una ciudad universitaria a la que las familias romanas enviaban a sus hijos, y Adriano la reconstruyó: terminó el templo de Zeus Olímpico, que llevaba seis siglos sin techo, e hizo de la ciudad la sede de una liga de todas las ciudades griegas. La frase por la que se recuerda el período es la de Horacio, que la Grecia cautiva cautivó a su rudo vencedor, y los romanos cultos siguieron siendo bilingües mientras duró el imperio en Occidente.
Hitos principales
El primer siglo fue duro: Sila saqueó Atenas en el 86 a. C. después de que se pusiera del lado de Mitrídates, y las guerras civiles de Roma se libraron en suelo griego: Farsalia en el 48, Filipos en el 42, Accio en el 31 a. C. Bajo el imperio, Grecia pasó a ser la provincia de Acaya y gozó de la paz imperial, cortejada por emperadores filohelenos: Nerón hizo una gira teatral, y Adriano colmó Atenas de beneficios, y terminó el templo de Zeus Olímpico y fundó la liga del Panhelenion. Este renacer del siglo II, la Segunda Sofística, fue también la era de Plutarco y de Pausanias. El cristianismo llegó pronto: según los Hechos, Pablo predicó en Atenas y en Corinto en la década de los cincuenta, y el griego fue la lengua del Nuevo Testamento y de la Iglesia primitiva.
Final y transición
La incursión de los hérulos saqueó Atenas en 267, aunque después vino la recuperación. La era termina en 330, cuando Constantino fundó Constantinopla como nueva capital, el centro de gravedad del Oriente griego durante el milenio siguiente.