Resumen

Elam ocupó las tierras bajas del suroeste de Irán durante unos dos mil años, en contacto constante con Mesopotamia, y su vestimenta se lee como una variante de la tradición mesopotámica antes que de una irania. Se conoce casi por completo por las imágenes —relieves, estatuas, sellos cilíndricos y bronces fundidos— porque los textiles no se conservan en aquel clima.

Prendas y estilo principales

La prenda más antigua que se representa es el envoltorio de lana con mechones del tipo kaunakes, compartido con Sumer, con una superficie construida a base de mechones o volantes superpuestos. La vestimenta elamita posterior pasa a telas más lisas con pesados bordes de flecos y a prendas enrolladas y escalonadas, llevadas con peinados elaborados y con joyería abundante.

El testimonio suelto más destacado es la estatua de bronce de la reina Napir-Asu, de Susa, fundida hacia el siglo XIV a. C. y con un peso muy superior a una tonelada: conserva un vestido con dibujos y flecos y un chal con flecos en un detalle que ningún dibujo podría aportar. Los relieves elamitas registran además el pelo largo trenzado y las barbas, y los gorros redondos que llevaban los asistentes.

La tejeduría importaba lo bastante como para registrarse administrativamente, y los textos de Susa incluyen la contabilidad de la lana y de la tela que llevaba cualquier palacio mesopotámico.

Transición

El ascenso de los medos y los persas trajo a la región el vestuario septentrional de montar —pantalón, casaca con mangas, botas—, y la vestimenta elamita aparece en el arte aqueménida como uno de los estilos que el imperio absorbió, llevado por las delegaciones de los relieves de Persépolis.