Resumen
El período regio es el tramo peor documentado de la historia romana, y casi todo lo que se dice de su vestido es inferencia: de la pintura de las tumbas etruscas y de los bronces, de un puñado de hallazgos arcaicos y de autores romanos posteriores que describían un origen que tampoco podían comprobar. Lo que sí puede decirse con seguridad es que la prenda que Roma hizo suya no se inventó en Roma.
Prendas y estilo principales
El vestuario es de lana y sencillo. Una tunica —dos rectángulos cosidos por los hombros y por los costados— servía de prenda básica para todo el mundo y, sobre ella, los ricos llevaban un gran manto drapeado. Ese manto se desarrolló a partir de la tebenna etrusca, un manto redondeado que llevaban los magistrados etruscos y que aparece una y otra vez en sus pinturas funerarias; en manos romanas creció y se hizo más estrictamente semicircular, y se convirtió en la toga.
Otros dos préstamos etruscos quedaron pegados al vestido público romano durante toda su historia: la franja purpúrea que marcaba el cargo y, más tarde, a los niños nacidos libres, y los calcei de punta vuelta que llevaban los magistrados. Los propios autores romanos atribuyeron estos elementos a los reyes y a Etruria, lo que es insólitamente franco sobre un origen extranjero.
Transición
Bajo la República la toga se endureció de manto de élite en traje jurídico: la prenda que un ciudadano romano tenía derecho a llevar y, en ciertos momentos, la obligación. Su corte y su volumen siguieron creciendo durante siglos, hasta que se hizo demasiado incómoda para nada que no fuera la ceremonia.