Resumen
Durante alrededor de un siglo Italia marcó el vestir europeo, y lo hizo porque hacía el tejido. Florencia, Venecia, Milán, Génova y Lucca producían las sedas, los terciopelos y los paños de oro que las cortes de otros lugares tenían que importar, así que la moda italiana y la manufactura italiana eran el mismo fenómeno.
Prendas y estilo principales
Las mujeres llevaban la camicia, una fina camisa de lino, bajo una gamurra y, sobre ella en las ocasiones formales, la giornea, un sobrevestido abierto. Los hombres llevaban el jubón con calzas y una sobreprenda corta. Las mangas eran piezas aparte, acordonadas e intercambiables, de modo que un guardarropa podía recombinarse y las mangas se regalaban por derecho propio.
Los acuchillados —cortar la tela exterior para que la camisa asome en bullones— hacían una exhibición ostentosa de tener tejido suficiente como para cortarlo. Los tocados llegaban a construcciones elaboradas como el balzo.
Los mejores textiles llevaban grandes motivos de granada y de cardo en terciopelo labrado y bucles de oro, tan caros que aparecen como partidas de inventario en los testamentos. Los retratos son el registro: el vestido de Leonor de Toledo, pintado por Bronzino, es la prenda suelta más conocida del siglo.
Venecia y Florencia legislaron contra todo ello, una y otra vez y sin efecto.
Transición
El predominio político español trajo por las cortes un estilo más rígido y más oscuro desde mediados del siglo XVI, y la iniciativa pasó al norte y al oeste.