Resumen
La Italia medieval es el lugar donde Europa aprendió a hacer seda. Las prendas mismas eran las europeas comunes —túnicas superpuestas bajo un manto—, pero las ciudades que hacían y comerciaban el tejido para el resto del continente eran italianas, y ese hecho industrial da forma a todo lo que sigue, el Renacimiento incluido.
Prendas y estilo principales
Hombres y mujeres llevaban por igual la cotta, una túnica ajustada, sobre una prenda interior de lino, con un manto encima y calzas o medias debajo; el corte se parece a lo que se llevaba de Flandes a Sicilia.
Lo distintivo está en el material. Lucca fue la primera gran ciudad sedera italiana, y sus tejedores, dispersados por las convulsiones políticas de principios del siglo XIV, sembraron la industria en Venecia, en Florencia y en Bolonia. La Sicilia de los normandos mantuvo un taller real en Palermo con artesanos musulmanes, cuyo producto más famoso es el manto de coronación hecho para Roger II en la década de 1130: una seda con inscripción árabe que llegó a ser el manto de coronación de los emperadores del Sacro Imperio.
Las comunas legislaron sin cesar contra la ostentación. Los estatutos suntuarios limitaban el ancho de las mangas, las colas, los botones y las pieles, y se volvieron a promulgar tantas veces que su efecto principal documentado es la prueba de hasta qué punto se los ignoraba.
Transición
Desde finales del siglo XIV, las cortes y las ciudades de la seda produjeron juntas el vestuario del Renacimiento y, durante un siglo, Italia marcó la moda europea en lugar de solo abastecerla.